El prestigio del maldito
Nadie podía preverlo pero los dos mayores éxitos de
público en la 39 Feria del Libro de Valencia han sido sendas sesiones
poéticas, una en forma de homenaje a Ángel González y la otra la
presentación de la nueva editorial Azotes Caligráficos con Leopoldo M.
Panero como principal reclamo.
El homenaje a González, poeta del amor, tipo
sencillo y sincero al que querían legiones de lectores y bastantes
exquisitos de todas las tendencias, conjuró a varios buenos poetas:
García Montero, Vicente Gallego y Carlos Marzal.
Lo de esta tarde ha sido muy distinto: el llenazo
incluía a gente de todas las edades con predominio de los jóvenes que no
habían nacido cuando Panero fue incluido en los Novísimos, ni siquiera
cuando apareció en el film de Chávarri El desencanto.
Panero no ha defraudado con su imagen de poeta
romántico en proceso de autodemolición, habitante de las ruinas de su
propia inteligencia: ha salido y entrado en la carpa, ha interrumpido la
lectura de Antonio Méndez Rubio que presentaba el poemario ¿Ni en el
cielo?
Panero no era capaz de sujetarse a la mínima
disciplina declamatoria (a pesar de que posee una voz de lija estupenda)
y se acercaba y alejaba del micro al compás de sus desplomes y lamentaba
no poder leer sin gafas “por que tengo la insulina a tope”. Un
espectador le ha ofrecido gentilmente sus gafas de présbite pero el
público se ha tenido que conformar con fragmentos de poemas de suyo
fragmentados. El titulo que los acoge: Páginas de excremento o dolor sin
dolor. Los dibujos son del propio Panero y la caligrafía también lo que
quiere decir que no es especialmente legible, al contrario que la de
Méndez Rubio y Jenaro Talens.
El profesor Talens presentaba La certeza del
Girasol.
Los poemarios están contenidos en cajas que
combinan, con mucha elegancia, los colores chocolate y amarillo cromo.
Los poemas, los dibujos y las ilustraciones están reproducidos por el
sistema serigráfico. Son libros caros y joyas de bibliófilo. Una
estupenda iniciativa nacida en Valencia por impulso de tres compañeros
de Facultad: Isaac Alonso, Rosana Peris y Antonio Sotillos, no el
veterano tribuno socialista sino su hijo, profesor de literatura
española en un instituto de Secundaria.